La verdad es que una parte de mí murió el día en que dejamos de hablar, dado que después de todo aquello, yo me había acostumbrado a él, a contarnos como iba nuestro día, nos hacíamos bromas, berrinches y estábamos allí incluso en los momentos de crisis, por eso yo me pregunto, como alguien puede estar tan presente sin su presencia, es muy absurdo y loco, ya que aún hay días en que me pasa algo, en que hay algo gracioso que ocurre por mi mente y quiero contárselo, luego recuerdo que hemos dejado todo de lado y se me pasa, pero después quiero saber cómo son sus días, como se encuentra, que hace, luego de todo eso de repente mis días piensan en sus días, y se preguntan si sigue haciendo lo mismo, si en ese momento está escuchando música o va saliendo a jugar. Me acostumbré tanto a él, que mis propias manías me recuerdan a las suyas, porque en ciertos momentos se cruzaban. Cuando salía de clase siempre veía su mensaje, me acostumbré a eso, ahora al salir sé que ya no espero nada, pero sobre todo, creo que me acostumbré a esa sensación, al júbilo que me causaba escuchar mi celular y saber que era él. Tal vez sí que extraño esa sensación al despertar y revisar el celular y ver sus buenos días, tal vez es lo que más extraño, porque alguien ya se acordó de ti incluso cuando estás aún dormido, y te desea una buena mañana, un buen día, no sé, creo que es lo que más me dolió, ahora despertar sabiendo que no estará tu mensaje, que ya no está. Es extraño porque ya no hablamos, pero aún así yo sé las canciones que escucha, lo que le gusta, lo que no, su rutina, sus manías, sus impulsos, y es raro, porque él también sabe las mías, y sé que probablemente él ya no piensa en mí. Pero yo sí, y duele saber que ya no soy parte de sus días, que eso que alguna vez había o que casi hay, ya se rompió.
Otras cosas curiosas
Ojalá algún día puedas acostumbrarte a estar bien y no a estar triste.
